Jaime Lomelín cruzó el Canal de Molokai, por una causa justa

Francisco Martínez Hernández

Impulsado por su familia y los niños con cáncer de “Aquí Nadie Se Rinde”, el mexicano Jaime Lomelín, embajador de Brazadas por la Vida, hizo historia al cruzar el Canal de Molokai, Hawaii, difícil trayecto de 44 kilómetros de noche, en zona de tiburones y un impactante tiempo de 13 horas, 06minutos 48segundos y 62 centésimas.

La fortaleza física y mental del especialista en aguas abiertas, le permitió superar las fuertes corrientes del océano pacífico y enfrentar uno de los retos más difíciles en su trayectoria, cruzando de la isla Oahu a Molokai, el cual está marcado por una abundante fauna marina, donde se encuentran tiburones, medusas, entre otros, y a lo que se suma el grado de dificultad de nadar de noche bajo una temperatura de 24-26 grados centígrados.

“Me siento muy contento y satisfecho de haber logrado un objetivo que tenía desde hace muchos años, estuve muy enfocado y trabajando para lograrlo”, declaró Jaime Lomelín, con múltiples palmares nacionales e internacionales en las aguas abiertas, donde destaca ser ganador de la Triple Corona, siendo el primer mexicano en bajar las diez horas en las tres pruebas.

Su familia y ayudar a los niños con cáncer de “Aquí Nadie Se Rinde”, fueron su principal motivación, por lo que afirmó: “estoy muy contento de ser embajador de Brazadas por la Vida, de participar en diferentes actividades altruistas, me entusiasma mucho poner mi granito de arena en esta noble causa. Este nado se lo dedico a mi familia, que son mi principal inspiración y a mi embarcación, sin su apoyo no hubiera sido posible”.

Comentó que en los momentos difíciles “pensaba en mis hijos para liberar un poco de tensión; cuando me sentía más mal física y mentalmente, hacía entre 100 y 120 brazadas dedicadas a un ser querido, mis hijos fueron por los que di más brazadas y me acordé mucho del video del niño que me echó porras de “Aquí Nadie Se Rinde”, eso fue una gran motivación, estoy muy contento de ser un vehículo para colaborar en tan noble causa y qué bueno que con un granito de arena podemos colaborar para ayudar a estos niños”.

A diferencia de otros cruces que escriben su nombre entre los mejores a lo largo de 35 años de experiencias “haciendo lo que me apasiona”, señaló que la principal dificultad “fue nadar de noche, siempre es un reto, al principio y al final tuvimos mucho oleaje y es un mar que está infestado de tiburones y mucha fauna que no quiere uno encontrarse, de hecho a las ocho horas de nado me mordió algo en el dedo de la mano y en la panza que me sacó mucho de onda”.

Qué mensaje puede compartir .“Lo importante es no claudicar, aunque nos veamos en momentos muy extremos, muy adversos y pensemos que todo lo tenemos en contra, independientemente si estamos nadando o haciendo cualquier actividad en la vida, lo importante es perseguir nuestras metas, enfocarnos a lo que realmente queremos”.

Jorge Lomelí no frena sus sueños y su objetivo es “seguir cumpliendo metas, hasta que el cuerpo y la mente aguanten”, concluyó.