Estado de Méxicoprincipal

Alarmantes excesos en la Prepa Anáhuac

  • “Actualmente estamos expulsados del Edén”: el costo de normalizar el exceso en fiestas de menores

Lo que aparentemente sería una reunión entre jóvenes de la Prepa Anáhuac, con música y diversión, terminó por convertirse en una fiesta de excesos, violencia y riesgos, que alarman a las familias, pues en una institución de este tipo, no deberían ignorar a los jóvenes.

Según testimonios y reportes de algunos asistentes al llmado de esta reunión, el espacio se marcó por la venta y consumo de alcohol entre menores de edad, posible presencia de diversas sustancias y múltiples riñas. El saldo preliminar es preocupante: tres jóvenes y dos menores de edad atendidos en servicios de urgencias, mientras que otro adolescente permanece internado en el Hospital ABC de Santa Fe.

Más allá del escándalo momentáneo o de la conversación en redes sociales, el caso obliga a abrir una discusión seria sobre la responsabilidad de quienes organizan, permiten, promueven o toleran este tipo de eventos clandestinos o semi privados en los que participan menores de edad.

La normalización de fiestas donde el acceso al alcohol parece formar parte de la “experiencia social” estudiantil ha dejado de ser un fenómeno aislado. En distintos sectores escolares de alto nivel económico, la supervisión adulta parece desaparecer bajo la idea equivocada de que el privilegio social equivale a madurez emocional. Los hechos recientes demuestran exactamente lo contrario.

Resulta especialmente delicado que este episodio involucre a estudiantes vinculados a una institución que forma parte del entorno educativo relacionado con los Legionarios de Cristo, congregación que históricamente ha sostenido discursos de formación integral, valores y acompañamiento juvenil. Hoy, frente a hechos tan graves, el silencio institucional sería irresponsable.

La sociedad espera una intervención clara, firme y preventiva. No basta con deslindarse argumentando que se trató de un evento “externo” o “no oficial”. Cuando menores de edad pertenecientes a una comunidad educativa terminan hospitalizados, la obligación ética supera cualquier formalismo administrativo.

Es indispensable que se implementen protocolos reales de prevención, vigilancia y concientización; que se restrinja la participación de menores en eventos masivos sin supervisión efectiva; y que exista colaboración entre padres de familia, escuelas y autoridades para evitar que estas reuniones continúen escalando hacia tragedias mayores.

Porque mientras las fiestas sigan convirtiéndose en territorios sin límites, la frase “estamos expulsados del Edén” dejará de ser una provocación estética para convertirse en el retrato de una generación expuesta al abandono, la imprudencia y el peligro.