Alito y la cachetada que hizo temblar a Morena
Francisco Javier Vázquez Burgos
El zafarrancho en el Senado entre Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, y Gerardo Fernández Noroña ha dado de qué hablar. Para algunos fue un exceso; para otros, un acto de dignidad. La verdad es que lo de menos fue el manotazo, porque lo que realmente exhibió el incidente fue la podredumbre que se esconde en la política mexicana: un Senado controlado por la soberbia, la complicidad con el crimen y la hipocresía de quienes se dicen representantes del pueblo.
Noroña, acostumbrado a ser grosero, altanero y déspota, se topó con pared. Durante años insultó a ciudadanos, humilló a opositores y se creyó intocable. Pero cuando Alito lo confrontó por negar la palabra a la bancada del PRI, violando reglamentos internos del Senado, al “valentón” se le acabó la bravuconería: por poco le salen alas para huir, resguardado por compañeras senadoras como si fuera víctima y no verdugo.
¿Hizo mal o bien Alito en abofetearlo? La respuesta importa menos que el trasfondo. Lo verdaderamente grave es que en el Senado se protege a personajes vinculados con el crimen, como Adán Augusto López, señalado por operar como capo político y presunto jefe del grupo criminal “La Barredora”, dedicado a asesinar, secuestrar, extorsionar y traficar. Esa presencia mancha cualquier decisión legislativa. La indignación nacional no debería centrarse en un par de empujones, sino en que la mafia del poder, heredada de AMLO y continuada por Claudia Sheinbaum, sigue capturando al Estado.
La doble moral de Morena
Mientras se intenta fusilar mediáticamente a Alito por un golpe, se guarda silencio sobre el saqueo de Segalmex, sobre los miles de millones tirados a la basura en Dos Bocas y el Tren Maya, sobre los negocios de los hijos de AMLO al amparo del poder. Callan ante la complicidad con el cártel de Sinaloa, confirmada por Ismael “El Mayo” Zambada, quien admitió haber sobornado a militares y políticos durante décadas. Callan también sobre la repentina riqueza de Noroña, quien ya presume mansión en una zona exclusiva.
En cambio, se rasgan las vestiduras porque un campechano le puso un alto al abusivo del Senado. Hipócritas. No dicen nada de la corrupción que desmanteló el sistema de salud, de los niños con cáncer que siguen sin medicinas, de los transportistas y productores del norte que exigen justicia, de los maestros y mineros que claman respuestas. La realidad es que Morena protege a los suyos, aunque estén embarrados con la delincuencia organizada, y ataca a quienes se atreven a ponerles un alto.
Claudia juega con fuego
Si Claudia Sheinbaum pretende utilizar el aparato de Estado para perseguir y encarcelar a Alito, como hacen con Simón Levy, ex subsecretario de turismo, que quieren encarcelar porque los exhibe, se equivoca. El presidente nacional del PRI no está solo: forma parte de organismos internacionales y su persecución sería un escándalo global. En un México cada vez más señalado por vínculos con el narco, cualquier acción autoritaria contra él se leerá como un intento desesperado de callar a la oposición.
Además, Claudia debería medir bien sus pasos: el país está encendido. Hay enojo en sectores productivos, en la salud, en el transporte, incluso dentro del Ejército. Si intenta convertir este incidente en un linchamiento político, puede provocar lo que Morena más teme: que se encienda la mecha y la nación estalle en protestas que ni la Guardia Nacional podrá contener.
Alito está listo para la lucha, lo estará Claudia.
Alito, Campeche y el PRI
El golpe a Noroña caló hondo porque no solo fue una reacción personal: fue la voz de millones de mexicanos hartos de abusos y mentiras. Como buen campechano, Alito hizo honor al segundo himno de esa tierra, Las Torres de Catedral:
“Sin andar empistolado le respondo al que me busca y me juego cualquier albur”.
Otra parte dice
“Por mi amor y por mi patria se pelear como los buenos y morir por un ideal”
Por eso, lo que para algunos fue una “provocación”, para muchos otros fue un acto de orgullo y dignidad. Alito, junto con el diputado Carlos Gutiérrez Mancilla, levantó la voz para defender a México frente a la prepotencia de Morena. Y ese gesto, simbólico pero poderoso, lo hizo conectar con sectores que incluso antes lo miraban con desdén.
La mecha encendida
En un país donde ya no hay división de poderes, donde el Poder Judicial fue violentado con reformas absurdas, donde los órganos autónomos fueron aniquilados y donde la democracia fue secuestrada, hasta un manotazo puede encender la chispa de la resistencia.
Hoy Alejandro Moreno se ganó respeto dentro y fuera de su partido. Muchos mexicanos, cansados de los atropellos, vieron en ese instante la representación de lo que anhelan: alguien que no se deja, que enfrenta al bravucón del sistema, que se atreve a poner un alto.
Morena ya destruyó la economía, la salud, la seguridad y la legalidad. Ahora quiere destruir también la dignidad de la oposición. Pero lo de ayer fue un aviso: no será tan fácil. Si insisten en perseguir a quienes los enfrentan, si quieren encarcelar voces críticas como la de Alito, lo único que lograrán será acelerar su propio final.
Alito no solo defendió a su bancada: defendió a México. Y millones de mexicanos lo celebraron.
